En los castaños extremeños

YO ME HICE FUEGO

Yo me hice fuego en las riberas de castaños arboladas.

Quise no ser, siendo mal,

Y quise no ser. Morir.

Y tú, lejana de mí

Te ibas olvidando.

Yo me hice fuego en las riberas de castaños arboladas.

Que por no saber, quise volar

Y por dolor, olvidar.

Yo quise no ser.

Pero fui… dolor.

¡Ay! dolor amargo, puro dolor…

Olvidar quise, pero ¡Ay dolor!

Tú en mí vives cada día íntimamente.

Amada mía, mi dolor profundo.

Yo me hice fuego en las riberas de castaños arboladas.

De tierra lejana, mi vida lejana y olvidada,

Por ti querida y por ti dejada. ¿Por qué?

¡Ay! Dolor.

Y llegarán los días de la luz, llenos de vida,

Llegarán incansables uno y otro

Para colmar mis penas de alegría.

Un moho sediento me acaricia a todas horas.

Una sombra me acompaña

Tu presencia fría me sobrecoge.

Te eterna fuerza me llama

Queriéndome arrancar de mi postura.

Uno y otro empujón y zancadilla

Hora a hora, tu marca vas dejando.

Y en el silencio de las sombras,

Y en los huecos de mi vida vas morando,

Haciendo cada vez más poderosa tú presencia.

Para acabar por fin con mí batalla,

Aceptada y temida al mismo tiempo.

Para empezar hoy, hacia la luz y con la vida,

Los nuevos días llenos de gozo

De la esperanza eterna al fin hallada.

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Publicado el 27 noviembre, 2012 en Poesía. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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