Entrar al trapo

En estos días de espiritualidad y meditación que son la Semana Santa, no deja uno de pensar en los siglos que han pasado desde que Jesús lanzó su mensaje de perdón, de liberación y verdad.  Fue la gran revolución espiritual de nuestra historia, tanto, que ha cambiado el mundo.

El nos dijo, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.  Así pues, conocer la vida de Jesús y seguir su ejemplo, da sentido a nuestras vidas, a nuestras vidas individuales, independientes y nos lleva a la libertad.

Pero somos cómodos y estamos siempre a la espera de que otros nos dicten las “reglas” con el fin de no arriesgarnos por nosotros mismos.  De esta forma, tendemos a regularlo todo y dejar que otros tomen las riendas por nosotros.  Nos perdemos y nos justificamos en la masa y en el cumplimiento de normas que enmascaran la verdad.  Verdad incómoda y exigente.  Verdad, que como a Jesús, nos llevaría a la Cruz.

Anteriormente a la Pasión, Jesús estuvo cuarenta días de ayuno en el desierto y allí mismo se le presentaron tres tentaciones, atender las necesidades corporales, adorar lo material y la ambición mundana.

Curiosamente nuestra actual sociedad no se priva de ninguna de esas tentaciones que nos separan de nuestra esencia espiritual.  Vivimos para tener todo cuanto podemos, acumulamos cosas y más cosas, nos fascinamos por cualquier juguete, véase iPad, móviles, y cacharrería electrónica y demás artilugios y somos esclavos de deudas insoportables con tal de poseer lo que no merecemos por nuestro esfuerzo.  No digamos nada de la falta de respeto por uno mismo, en la cual se ha dado por bueno darle a nuestro cuerpo cuanto se le antoje y desee.

Hoy, veinte siglos después, el hombre ha caído en las más vulgares tentaciones, perdiendo su afán de trascendencia y dejando de un lado el ejemplo que Jesús nos dejo.  Y así, vemos cómo actualmente hasta los dirigentes sociales utilizan sus cargos en su propio beneficio, olvidando que están ahí por el bien y para el servicio a los demás.

Hasta la propia Iglesia, en gran medida, anda alejada de las verdaderas necesidades sociales de justicia y de denuncia, refugiada en los púlpitos pero alejada del pueblo.  No me mal interpretéis, Cáritas y otras iniciativas cumplen sus carismas.  Hablo de miles de parroquias que solo están para cumplir unos horarios de misas y cierran sus puertas.

Lo cierto es que nos quedamos en el folclore, en la superficialidad, y olvidamos que Jesús nos anunció que podemos ser libres, ser humanos, llegar a nuestro destino que no es otro que la Cruz y con ella la resurrección.

El camino es un Calvario, pues el mundo, ni aceptará, ni comprenderá y como a Jesús, te dejarán solo y perseguido.

Os recomiendo una lectura:  “Las cartas del diablo a su sobrino”.  No tienen desperdicio.  Os dará que pensar. De C.S. Lewis.

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Publicado el 6 abril, 2012 en Pensamiento. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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