El disparate sindical

Partiendo de la base de que el sindicalismo es necesario y sano en una sociedad libre, debemos de significar a qué clase de sindicalismo nos referimos.

La defensa de los intereses de los trabajadores ante los de los patronos, es la verdadera misión de una organización sindical.  Así pues, deben de ser los propios trabajadores los que se organicen y hagan llegar a la empresa, y con ésta, cuales serían aquellos acuerdos que beneficien a ambas partes.

No es misión de los trabadores establecer políticas empresariales, ni incidir en la estructura u organigrama, ni en las estrategias de los propietarios de la empresa.  Es llegar a las condiciones ideales de trabajo para lograr los fines comunes, los objetivos de productividad y competitividad que beneficien a todos.

La misión de un sindicato no es ir contra los intereses empresariales, que es tanto como ir contra uno mismo, es establecer la condiciones justas de trabajo y el respeto a los derechos laborales establecidos.

En nuestro país se ha dado un protagonismo falso a la acción sindical, elevando su acción a nivel político e institucional.  Es más, los actuales sindicatos de clase viven del presupuesto de todos, sean o no afiliados y se les da una cuota parte en consejos de administraciones de empresas, tanto públicas, como privadas.

Esta situación es la más alejada de la misión de un sindicato, dado que al estar sujetos a subvenciones, velan más por éstas, que por los intereses de sus afiliados.  Se apartan de realidad laboral y concreta de la actividad empresarial, exigiendo derechos que en ningún caso han sido ganados y que en la mayoría de los casos son injustos.

Esta situación que sufrimos se encuentra, además, respaldada por los distintos Gobiernos, que hacen políticas y utilizan a los mismos en beneficio de parte.  Se negocia con unas organizaciones que no representan a los trabajadores, llamándolos “Agentes Sociales”, cuando éstos ni trabajan, ni viven los problemas de las relaciones con sus empresas.  Viven por y para la subvención.

Mantener este estatus sindical, reconocerlo por un Gobierno como “Agente” negociador, es del todo contraproducente para los intereses de los trabajadores, dado que lastran la productividad, no se acercan a la realidad de cada empresa y no nos encontramos representados en nuestros intereses.  Se coarta la libertad de acción y la relación comercial entre contratador y contratado, se elimina, en definitiva, la libertad individual.

Tras los acontecimientos del pasado fin de semana, las manifestaciones públicas de los dirigentes sindicales y de los partidos de izquierda, hemos podido comprobar como tanto partidos de izquierda y sindicatos, son una misma cosa, sirviendo ambos a un mismo fin, la revolución obrera.  Algo que pasó a finales del siglo XIX y está más que trasnochado.

No salgo de asombro, es más, alucino ante la ignorancia y atraso que sufrimos.  Tanto partidos, como gobiernos parecen interesados en mantener esta situación, la misma que nos ha traído hasta aquí, con más de 5 millones de parados, con una crisis que muchos piensan que se arreglará por sí misma, y que los sindicatos actuales de clase utilizan para calentar los ánimos de las gentes.

Igualmente hemos podido asistir al glamur de los premios Goya, autobombo que se da la industria cinematográfica española, que al igual que los sindicatos, vive de la subvención y de los impuestos que todos pagamos.  ¿Pro que el cine debe tener subvención y el sector de la iluminación no?.  Esto ni tiene ni pies, ni cabeza.

Las subvenciones son nidos de vagos, de estómagos agradecidos y de mucha insatisfacción social.  Desalientan la iniciativa privada, alimentan la corrupción y son injustas.

Podríamos estar un buen rato tratando este asunto.  Conviene  decir que al igual que los actuales sindicatos de clase, se encuentran partidos políticos, organizaciones empresariales y más de 4000 empresas públicas incompetentes ni nidos de amigotes y enchufados varios.  Esto es insostenible económicamente y ha de ponerse coto cuanto antes.  Gran culpa de esta crisis viene animada por la subvención y la cantidad de parásitos que aguantamos entre todos y sin nuestro consentimiento.  En definitiva, no somos libres de elegir.

¿Veremos algún día una sociedad española libre y sana?

Yo, con vuestro permiso, soy muy pesimista.

Anuncios

Publicado el 20 febrero, 2012 en Pensamiento, Política, Social. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: