Archivos Mensuales: agosto 2011

La “prima del riesgo”

Ni pidas prestado si quieres mantener tus amistadas

Le pedí a “Fulana” 5.000 € para hacer frente a un pago que no podía atender en su fecha.  Como era mi “amiga”, me los prestó.  Respiré tranquilo al aceptarme la devolución en seis meses.  Quedamos tan contentos, sobre todo yo, que salí del apuro.

Ante la relajación transitoria, seguí con mi ritmo habitual de vida, sin apercibirme de que pasaba el tiempo.  Llegó el día en que Fulana se me presentó en casa con la excusa de una necesidad urgente y que necesitaba el dinero que en su momento me había prestado.

Mira Fulana, en este momento me viene muy mal (por no decir que no tenía los 5000 €), ¿que tal si vienes la semana que viene que seguro tendré lo que te debo?.

Fulana se fue a su casa, no sin una mueca de enfado y decepción.

La verdad es que no sabía cómo iba a reunir esos euros en tan poco tiempo y el pánico se apoderó de mí.  ¿Qué hacer?.

El día acordado Fulana se presentó en casa con una tarta y acompañada del armario de su marido, con cara de pocos amigos y gesto de apremio.

Hice café, serví la tarta y hablamos un rato de la familia, de los viejos tiempos, de los trabajos y esas cosas que se dicen cuando no se tiene nada que decir.

Tras las copas, y acercándose al filo del sillón, el Mengano, marido de Fulana, me espeta; – Paco, ¿Cómo llevas el asunto de la deuda?

¡Tierra trágame!, me dije.  Pues mira, no lo tengo todo, pero te puedo adelantar unos 1500 € por ahora.  Las cosas están mal, como sabes y no resulta fácil reunir esa cantidad. – Ya, pero para pedirlos te faltó tiempo, “amigo”.  Y el coche nuevo ahí lo tienes aparcado.  Vamos, mi medio coche.

¡Hombre, no te pongas así!, sabes que soy de confianza.- Si, Paco, toda la confianza que quieras, pero el dinero es mío y lo necesito.  Es más, lo necesito mañana para hacer frente a un pago de mi hipoteca, que me he quedado en el paro y yo si que lo tengo crudo.  Así, que mañana vengo a por mi dinero.

Y así fue, vino Mengano y esta vez trajo a su perros mastines, la mujer, Fulana, se quedó en casa esta vez.

¿Qué me dices Paco?, – Pues verás, que no he podido reunir en 24 horas ese dinero.

Bien, dijo Mengano.  Me llevo mi medio coche, cosa que literalmente hizo, mientras con una motosierra de su jardín, comenzó a cortar el vehículo por la mitad.

Paco, paralizado, no salía de su asombro, no le salían las palabras de la boca y paralizado, asistía a la operación quirúrjica.

Sin decir palabra, Mengano y sus perros, que le esperaban a dos metros de distancia sentados pacientemente, se dieron la vuelta y caminaron tranquilos dos manzanas más allá de casa de Paco, dónde residía.

Al día siguiente, Mengano, espació los restos del medio coche de Paco por toda la urbanización.

Fulana entró en una profunda depresión negándose a salir de casa por la vergüenza que le daba y en pocos meses, Paco se largó a Méjico con una amiga del Facebook.

A veces, un coche nuevo sale muy caro.