Sobre emprendedores

Visión sindicalista de unempresario

Visión sindicalista de un empresario

Recientemente hemos podido vivir la celebración del primero de mayo, como día del trabajador y de la lucha de éste por conseguir unos derechos mínimos.  Desde aquel mayo de 1868 en Chicago, las cosas han cambiado mucho.  No solamente se han conseguido derechos, horarios dignos, asistencia social, etc, hemos cambiado en la percepción social de los propios derechos.

Han cambiado, igualmente, los métodos productivos, los equipos y máquinas y las asistencias técnicas, facilitando al trabajador el desarrollo de su labor y las condiciones higiénicas y saludables en su vida laboral.

Se han desarrollado nuevas tecnologías en cuanto a la comunicación, la ergonomía, la seguridad industrial y el control y la garantía de la calidad.  En definitiva, desde aquel mayo, antes citado, las cosas, para los trabajadores por cuenta ajena, si que han cambiado.

Con el cambio de siglo, del XIX al XX, vivimos la explosión de las ideologías, fundamentalmente la comunista y socialista, con todos sus matices e intervencionismo, que costó a occidente más de 50 millones de víctimas mortales.  Y parece que para algunos el intervencionismo en todos lo ámbitos sociales está justificado, haciendo del movimiento sindicalista un útil al servicio de esas ideologías, manipulando la información y transmitiendo una idea que en el siglo XIX estaba justificada, pero que a día de hoy está más que trasnochada;  “El abuso del empresario”.

Hacerlo aparecer como un explotador en su propio beneficio y un ser más o menos diabólico, egoísta y acaparador de las vidas de sus empleados.  Nada más lejos de la realidad que hoy vivimos.  Pero la idea, “cuela”, debido a la parcialidad de la propaganda y al servilismo con que el sindicalismo actual, en España, campa sumido en la constante subvención.

El empresario, al que ahora se ha dado en llamar “emprendedor”, y es cierto que es así, aporta a la sociedad un bien, en materiales o servicios que ésta necesita.  Que necesitamos todos.

El emprendedor, se lanza “a la piscina”, poniendo en juego su prestigio personal, sus conocimientos, su capital y todo su tiempo, sin que nadie le facilite las cosas.  Del empresario o emprendedor, vive la sociedad completa, políticos y sindicatos incluidos y éste no merece el olvido y el desprecio que le imputan los sindicatos.  Tanto es así que las aportaciones en impuestos y cargas llegan a ser insostenibles y de ahí que hoy por hoy, esta clase de personas, no estén por la labor de ser  víctimas de la sangría que supone para ellos iniciar una actividad.

Solamente por contratar a un trabajador, supongamos que por 1000€ netos mensuales, éste ha de pagar a los distintos organismos del Estado un 51,85%, es decir que le cuesta cada puesto 1518.5 €, en este concepto.

A esto tendremos que añadir los costos de herramientas, utillajes, maquinaria, inmuebles, ropa, pagas por beneficios, avances de IVA que no retornan y cobros dudosos o muy tardíos, entre otros, como gestoría, asesores, materiales y tiempos perdidos en gestiones con la Administración.

No digamos ya nada de los costos energéticos en España, tampoco del absentismo laboral, ya tradicional en épocas de ferias, vendimias, recolecciones, así como de la lentitud en los servicios gestionados por el funcionariado.

Hoy, nos andan prometiendo los políticos que crearan empleos, como si ellos fueran “emprendedores”.  No señores políticos, ustedes nos están engañando y muchos dejándose engañar.  Los políticos no han de crear empleos o trabajo, solo debe quitar peso y presión a los emprendedores, a la sociedad civil, y facilitar la vida aminorando las gestiones con la Administración, bajando el costo de la energía y facilitando la viabilidad de las empresas, en vez de sangrarlas a impuestos y trabas cada vez mayores.  Igualmente promoviendo sindicatos no subvencionados, no dependientes de siglas e ideologías tendenciosas que ya no representan a la sociedad y menos aún a los trabajadores.

Al igual que nuestros jóvenes se marchan a Centro-Europa, EEUU, Canadá, etc, nuestros emprendedores también se van a territorios donde la política nos los exprima a impuestos y a situaciones extremas para desarrollar sus iniciativas.

Nos estamos quedando sin las generaciones que podrían hacer de este, nuestro país, un lugar grato para el desarrollo personal y social, estando actualmente, sumidos en la más literal de las depresiones a causa de la depredación de sus propios hijos en beneficio de unas “castas privilegiadas”.  Y precisamente de los mejores.

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Publicado el 3 mayo, 2011 en Política, Social, Trabajo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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