Archivos Mensuales: abril 2011

Con lágrimas de sangre.

Constitución 1812

Con el ánimo de escapar del sobresalto diario a que nos tiene acostumbrado el país , llegué a mi tierra natal, donde la luz y el mar, serenan el espíritu y relajan la tensión producida cotidianamente.

Pero como ocurriera en el siglo XIV (1348 – 1364) con la peste negra, allí tampoco estaba libre del contagio.  Semana Santa, semana de Pasión y de sudor con gotas de sangre.

Las consecuencias de la “pandemia” que sufrimos, tal como en la Edad Media, tocan a todas las familias, sin lugar a distinción.  Ahora, son los mejores los que sufren las consecuencias de la “infección”, no como en los 60 del reciente pasado siglo XX, que fueron los jornaleros, aquellos que tuvieron que salir a Europa para no morir de hambre.

Cual no será la amplitud de la “enfermedad”, que de las pocas personas con las que he convivido, no más de 10, dos estaban ya preparando su salida de España en busca de un futuro posible, el que aquí se les ha negado.

Y son dos, con titulación universitaria, con dominio de idiomas y con varios Masters a sus espaldas.  Ambos camino del Reino Unido.

Por eso digo, que con lágrimas de sangre, tanto ellos, como sus familias, ven que no existe ninguna oportunidad en el país que les vio nacer y en el cual sus padres derrocharon generosidad, amor, ahorros e ilusiones compartidas y que la irresponsabilidad de unos cuantos, tiran por tierra la labor de toda una vida.

Esto si que es un Calvario, me dije a mi mismo caminando por el centro de mi ciudad, donde los comercios cerrados y abandonados se sucedía puerta con puerta.

Aquí, a mis pies, una llama encendida recuerda a unos valientes que en 1812 dieron luz a la primera constitución Liberal, aquí, donde las tropas napoleónicas, no pusieron pie y las jóvenes se hacían tirabuzones con el plomo de las bombas que nos lanzaban.  Aquí donde hoy la juventud más preparada ha de salir “por pies”, para tener una oportunidad de futuro.

Doscientos años solamente para perderlo todo, doscientos años que hoy nos hacen pensar si este país merece los políticos que nos gobiernan, que como entonces son unos felones, quizás peores que aquel Fernando VII.

Hoy lloro lágrimas de sangre.

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