Hay alternativas

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Muchas son las voces que se hacen oír al respecto de la dependencia energética, de lo insalubre de las ciudades, de la contaminación, del exceso de CO2, de la sobreexplotación de los recursos naturales, y todas las formas de generar la energía necesaria para seguir en la, mal llamada, sociedad del bienestar.  Parece ser que nunca estemos tranquilos o seguros.  Y la verdad es que no lo estamos, ni aquí, ni en Japón, ni en ningún otro lado.  Nuestra vida es efímera, frágil e insegura.  Ahora como hace millones de años.

¿Es que disponemos de alternativas para vivir más tranquilos y de acuerdo con esos principios que muchos demandan? ¿Se puede vivir de otra manera más sana?

Tantas organizaciones ecologistas, verdes, y de tutti quianti se pueda imaginar, alzan sus gritos a todos los vientos, pero de ahí no pasan.  Son inconsecuentes con su apocalíptico mensaje.  La verdad, es que viven muy bien así, dependiendo, a todas luces, del mismo sistema al que ponen a bajar del burro.

Pero para ser consecuentes, debemos decir, a día de hoy, que existen otras formas de pasar por esta vida y dentro de esta sociedad occidental.

Disponemos de los medios y tecnologías suficientes para organizar la vida de otras formas.  Para empezar, fuera de las ciudades.  Existen en nuestro país cientos de pueblos abandonados que podrían recuperarse y hacerlos económicamente viables, dependiendo exclusivamente de ellos mismos en cuanto a la generación de energías, y de los servicios necesarios y de calidad que cualquiera pudiera encontrar en una ciudad.

¿Por qué no se orientan los esfuerzos de las administraciones a facilitar la habitabilidad de esos lugares?  Se pueden restaurar casas antiguas, arreglar calles, instalar sistemas de energías fotovoltaicas y de agua caliente sanitaria por placas solares.  Se dispone de los medios para hacer energéticamente rentables las viviendas, se disponen de medios de comunicación e Internet, posibilitando el trabajo monitorizado y a distancia.

Parece ser que a los jóvenes de hoy hay que darles todo hecho. Están faltos de iniciativas, y tienen al alcance de sus manos los medios para lanzar y perseguir nuevos objetivos, pueden hacer comunidades autosuficientes, lo tienen todo, pero no se atreven.

En este sentido, las ventajas son incontables.  Nada de contaminación, nada de dependencia exterior, vida sana e independiente. Hoy no existen distancias. ¡Que empeño en tener el trabajo a 10 minutos y que corra por cuenta de otros!

Se tiene todo por hacer y se tienen los medios. Falta iniciativa, falta entusiasmo, falta ilusión, en definitiva, falta la juventud. Al menos, la actual, que da muestras de sufrir una gran depresión psicológica.  Es decir, falta madurez.  Porque señores, poder, lo que se dice poder, se puede.  Pero el querer es lanzarse a la aventura, es decir sí al riesgo; y al parecer, hoy por hoy, nadie concibe la vida como una aventura que suponga el mínimo de riesgo.

Esta sociedad del bienestar nos ha anulado, nos ha hecho demasiado dependientes, demasiado cobardes, demasiado cómodos.  Eso si, quejarnos, sabemos hacerlo.

Pero haber alternativas, haylas.

Y aquí os enlazo algunas:

http://decrecimientomadrid.blogspot.com/

www.decrecemadrid.org

http://www.narom.org/Aldea%20Feliz.html

http://www.ecoaldeas.org/

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Publicado el 21 marzo, 2011 en Pensamiento, Social. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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