Las reglas del juego

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Cada cuatro años nos invitan a participar en el  juego llamado Democracia.  Y es interesante ver con cuanto ánimo, unos solicitan la participación, y otros se lanzan al terreno.   Pocos somos los que antes de jugar nos estudiamos las reglas y juzgamos si éstas son justas o no.

Este gracioso jueguecito, comienza por tener unas reglas que encierran en si mismo las trampas.  Para empezar, unos jugadores parten con ventaja sobre el resto.

Si en un Monopoli unos participantes comienzan con más capital, los demás se ven en desventaja.  Ocurre así con los jugadores de la Democracia.  Unos parten valiendo más que otros y esta circunstancia hace que dicho juego comience con trampas.

En segundo lugar,  los participantes no tienen opción de elegir a sus entrenadores, capitanes, cuerpo técnico, utilleros y demás órganos  representativos.  ¿Por qué voy a jugar si los que dicen ser mi equipo nada tienen que ver conmigo y ni tan siquiera he participado en su elección?.  Es más, muchos de esos directivos tienen una historia que nada me anima a dejarme llevar por sus instrucciones tácticas.

Así pues el juego, de partida, está amañado.  Con todo, la mayoría entra a la partida.  No les importan las reglas de base, la cosa es jugar.

Configurados los equipos y cuando, de verdad, se comienza con el partido, comprobamos alianzas entre unos equipos que nada tienen que ver con las estrategias que se habían propuesto, violentando a aquellos que,  inocentemente, depositaron su confianza en los que decían representarles.  Decepción general que  cada cuatro años  se repite.

En todos los deportes que se conocen y forman parte de la vida, las reglas se van cambiando con el tiempo a fin de mejorarlos, de hacerlos más competitivos y más atractivos para el público llamado a participar.  En este, de la Democracia, parece ser que cambiar esas injustas reglas para acomodarlas a los tiempos y hacer más llamativo el juego, resulta del todo imposible, dado que los equipos directivos y técnicos perderían el privilegio que con las actuales disfrutan.

En esta situación, se sigue jugando, y muchos hemos renunciado a participar, dado que  nos vemos relegados, siempre, a una tercera división, sin ninguna oportunidad de vernos representados y menos aún de vernos las caras con los de “arriba”.

Yo espero  que algún valiente se anime a cambiar las reglas, para que podamos jugar todos en igualdad de oportunidades.

¿Y quien será ese valiente?

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Publicado el 15 marzo, 2011 en Política, Social. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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