La falsa paz

Son palabras mágicas, paz, libertad, felicidad, etc., que resuenan en nuestro interior como llamadas a los más íntimos y antiguos deseos del hombre.

 

Hoy nuestros políticos, sean de la tendencia que sean, las emplean con frecuencia en sus múltiples mensajes queriéndonos hacer creer que son capaces de dar a la sociedad esas infinitas y jamás alcanzadas espiraciones humanas.

 

Cuando nos prometen paz, verdaderamente lo que nos quieren decir es “tranquilidad social”, y cuando hablan de libertad, más bien se refieran a una supuesta capacidad para optar a las oportunidades que nuestra sociedad admite como válidas y no distorsionantes con el ambiente.

 

Tanto la Paz, como la Libertad, son estados de nuestro interior y no hay persona sobre la tierra capaz de podérnosla suministrar.  Baste para ello echar un vistazo a nuestra propia historia.  Desde nuestros comienzos sobre este mundo el hombre ha luchado por el alimento, los mejores territorios de caza, la pertenencia o no a un grupo o tribu.  Más adelante y durante la baja edad media, fue la guerra por el poder, la riqueza, los privilegios o bien por la imposición de determinadas creencias.

 

Durante el siglo XIX fueron las ideologías, las cuales han sembrado de muerte el ancho mundo con más de 100 millones de personas asesinadas.

 

Hoy, tras la segunda guerra mundial, que está ahí al lado de la esquina, la tranquilidad en occidente es relativa.  El mundo del Islam arremete contra occidente cual cruzada de nuestro siglo X y XI contra el infiel.

 

No estamos en paz y nuestra tranquilidad tampoco está asegurada.  En primer lugar porque esa “tranquilidad” ha de basarse en la equitativa distribución de la justicia social, hecho éste que al menos en nuestro país es una utopía y mejor una macabra broma a la más elemental de las inteligencias.

 

La justicia se administra en función de intereses partidistas o de poder, siendo siempre implacable con el más débil y pobre y no amparado por un grupo de poder o mediático.

 

Esta caprichosa administración de la justicia, rompe el principio de igualdad, así como las garantías y promesas de los poderosos y sus medios afines.  Es por esto, que los ciudadanos se sienten solos y desamparados.  Descreídos, desprotegidos e indignados, ante el trato desigual al que sienten sometidos.  Este desengaño crea crispación interior al ver frustradas esas esperanzas de paz y libertad que tanto esperan de los poderosos y que tanto cacarean éstos.

 

Pero ante el reto que supone la búsqueda de la paz en nuestro interior, la tendencia del mínimo esfuerzo es la causa de que muchos pongan sus esperanzas en que otros pueden dártela.

 

La paz, nace en nuestro interior a fuerza de trabajo personal, de toma de conciencia de nuestro ser y ver claro que nuestro destino se encuentra en nuestras propias manos.

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Publicado el 5 marzo, 2011 en Pensamiento y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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