Arar con los bueyes que se tienen.

 

Con frecuencia la vida se nos hace injusta y hasta diría que trata de someternos a una sorna sarcástica para saber hasta dónde somos capaces de aguantar.  Suele ocurrirnos a los pobres, es decir, a la gran mayoría del paisanaje que nos rodea y vemos, porque los otros, aunque no los veamos oiga, existen, se lo aseguro.

Ante esta situación, contraria a lo natural, solemos encontrar consuelos de todo tipo y es que ya sabemos, “el que no se consuela, es porque no quiere”.  Desde las incertidumbres de los faraones ante las periódicas crecidas del Nilo, hasta la bíblica paciencia del Santo Job, tenemos ejemplos para aburrir.  Oyes, y la cosa sigue igual. El rico siempre se cree en el derecho de serlo a costa de quien sea, que normalmente son los demás, el pobre, trata de salir de la “mierda” a la que el rico le somete y lucha y lucha y lucha, hasta morir agotado aceptando, desfallecido, un destino que otros le impusieron antes de nacer.

Decía nuestra sabia Santa Teresa, que hay que arar con los bueyes que nos han tocado, es decir, poner las manos al arado y mirar hacia delante.  Aceptación, resignación, paciencia y a seguir ganando el cielo prometido, la liberación.  Y mira que yo  no termino de aceptar esta situación, que por más, y conforme se globaliza el mundo y la comunicación, llega uno a comprender cómo, desde tiempos inmemoriales, los señores fueron y son señores, los demás, los paganos, los pecheros, los esclavos, los ilusos, los se consuelan a si mismos aceptando las situaciones como sino del desino.  Pues no, la verdad es que eso, aunque lo vivamos así a diario y padezcamos en nuestras carnes las miserias de sus consecuencias, no es la verdad.

Y en todo lo que hay algo de bueno tratan de arrebatárnoslo, ahora es la posibilidad de expresarnos libremente, sin controles y sin fronteras.  Esto ya empieza a terminarse, señores id haciéndoos a la idea de una red intervenida, como todo en nuestras engañadas vidas.  Lo bueno, como decía, es que hasta ahora no lo han logrado y eso nos abre las mentes y los horizontes hasta el punto de que alguno que otro comienza a dudar y a plantearse del porqué de su situación. Es decir, de su mísera vida.”

Y va siendo hora de pensar que somos los dueños y señores de las “buenas vidas” que se dan aquellos que dicen administrarnos, que es una forma de llamar elegantemente al robo por la cara.  Es decir, que cuando queramos, si, cuando queramos, podemos correr a gorrazos a  esta pandilla de ladrones y sinvergüenzas que pululan por todo rincón del suelo patrio.  Que están para servimos, señores, no para que se sirvan de nosotros, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, de nuestras iniciativas, de nuestra capacidad de crear, de todo aquello que pueda generar riqueza sin necesidad de que “ellos” metan sus narices ambiciosas en nuestros privados asuntos.

Hace ya unas semanas que ando mal, bueno, ando mal porque padezco una ciática como consecuencia de una hernia discal.  Es gracioso, hace dos años me ocurrió lo mismo, me mandaron una resonancia que tardaron un año, en realizrla, si un año, y al mes de hacérmela, me da de nuevo.  Igual ahora me toca esperar dos años más, para cuando ya no pueda ni andar.  Y esos son los bueyes con los que nos toca arar, mientras otros se hacen de oro a costa de subvenciones que sacan de nuestros bolsillos y sin dar un palo al agua.  ¡Que bonito país tenemos!  Pero que cantidad de ladrones hay, desde el número uno, hasta el último liberado sindical.  ¡Que arte!

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